La solidaridad
Hace algunos años decían en mi parroquia que esta era la palabra que el partido oficial le había “robado” a Juan Pablo II, que su significado era “solo dar y dar”. Hoy creo que algo hay de eso porque lo que nos enseñaron en la escuela sobre valores es que nunca se dan solos y que hasta los “malos” los ejercen entre los suyos.
Al venir al mundo, el hombre no dispone de todo lo necesario para el desarrollo de su vida corporal y espiritual. Necesita de los demás. Ciertamente hay diferencias entre los hombres por lo que se refiere a la edad, a las capacidades físicas, a las aptitudes intelectuales o morales, a las circunstancias de que cada uno se pudo beneficiar, a la distribución de las riquezas. Estas diferencias alientan y con frecuencia obligan a las personas a la magnanimidad, a la benevolencia y a la comunicación.
Para que la solidaridad exista se debe dar antes una relación entre las personas o los pueblos aunque el diccionario diga que es una adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros,“la relación entre las personas que participan con el mismo interés en cierta cosa”, “la actitud de una persona con respecto a otra y otras cuando pone interés y esfuerzo en una empresa o asunto de ellas”. La Solidaridad requiere que los individuos aúnen esfuerzos dependiendo unos de otros para que en la unión de todos estos esfuerzos se construya y se alcancen las metas de progreso que beneficien a la Sociedad en general.
Pero la solidaridad en la vida común es cosa de sentirse unidos, de sentirse una misma cosa, “una misma carne”…tan solidario es el luchador social que gasta la vida por los derechos de otros como el automovilista que se detiene a ayudar a cambiar un neumático a unos jóvenes en la carretera…ambos se unen a las necesidades de otros y en muchas ocasiones es una urgente necesidad de compartir la causa de alguien que nunca han visto o con quien nunca hablarán.
La Solidaridad ha de desarrollarse en el contexto de la persona humana, esto es en la parte material y en la parte espiritual, unidad del ser: cuerpo y alma. Recuerdo que mi maestro decía que había solidaridad Moral: ayuda que los individuos se prestan unos a otros en los momentos de necesidades del alma, en cuanto a la conducción de su vida; y Solidaridad Material: cuando los individuos se ayudan materialmente en sus necesidades físicas y corporales. Pero la Madre Teresa de Calcuta nos ayudó a entender cristianamente estos conceptos: “La verdadera Solidaridad se ejercita atendiendo ambas partes, se atiende a las necesidades físicas y después a las morales”.
Si la base de la solidaridad, de la fraternidad, consiste en sentirse íntimamente unidos, como carne y sangre, el principio de la in-solidaridad radica en sentirse distintos, individuos al margen de los otros, cada cual con su propia historia y destino, marcando límites y estableciendo barreras.
El principio de solidaridad, expresado también con el nombre de amistad o caridad social, es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana. La solidaridad se manifiesta en primer lugar en la distribución de bienes y la remuneración del trabajo. Supone también el esfuerzo a favor de un orden social más justo en el que las tensiones puedan ser mejor resueltas, y donde los conflictos encuentren más fácilmente su salida negociada.
La solidaridad es la ayuda mutua que debe existir entre las personas, no porque se les conozca o sean nuestros amigos, simplemente porque todos tenemos el deber de ayudar al prójimo y el derecho a recibir la ayuda de nuestros semejantes.
Fue entonces cuando tropezó literalmente, con un hombre que estaba casi congelado, a punto de morir. El caminante tenía que tomar una decisión: Seguir adelante con la esperanza de salvar su propia vida, o quedarse y tratar de salvar al otro hombre.
En un instante tomó la decisión y se quitó los guantes. Se arrodilló junto al hombre y comenzó a darle masajes en las manos y los pies. El hombre respondió al tratamiento, y pudieron seguir adelante juntos hasta encontrar ayuda.
A este héroe se le informó después que ayudando al otro se había ayudado a sí mismo. El entumecimiento que le había invadido los miembros desapareció mientras le daba masajes al extraño. Buscando el bien de su semejante encontró el propio.
te has puesto a pensar que la solidaridad entre los hombres no es muy facil de motivar, de todo un conjunto solo unos cuantos responden al llamado y luchan con el corazon en la mano por sus semejantes y sabes por que ,por que el servir a los demas es una bendición que llega de lo alto y no todos somos elegidos a disfeutar de esa paz que te llena y te reconforta y te hace mejor ser humano , por eso hija mia cuando Dios te de esa oportunidad dile humildemente ……..´´Gracias Dios mio por permitirme servir este dia´´ mamá
Por: kaala wiiii el Abril 20, 2008
a las 1:49 pm